HISTORIA

A partir del siglo IV aC, podemos hablar de los primeros asentamientos urbanos en el territorio actual de Pineda de Mar. En aquel tiempo, la actual población formaba parte de la zona conocida en época ibera como la Laietània.

Consistía pues en una cadena de asentamientos fortificados que se situaban normalmente encima de las colinas más estratégicas de la Cordillera Litoral.

Así pues, por los restos arqueológicos actualmente conocidas, podemos hablar que los primeros vestigios del periodo íbero conocidos a la población se sitúan en la actual zona del Cerro de Montpalau.

A partir del año 218 aC y con la ocupación militar romana de la Península Ibérica iniciada por Empúries, fue cuando la cultura y asentamientos íberos entraron en contacto con el Imperio Romano, lo que en ocasionó la asimilación y desaparición.

Los romanos fueron sustituyendo los asentamientos tribales íberos para nuevas explotaciones agrarias. Así pues, en Pineda encontramos toda una serie de vestigios romanos de gran relevancia histórica: la villa romana de Can Roig que se situaba en torno a la Vía Augusta; la necrópolis romana de Can Bel (S.I-II dC) que fue excavada en 1996 y que se encontraba al final de la vía romana y, finalmente, el resto arquitectónica mejor conservada del municipio, el acueducto romano de Can Cua .

Este acueducto ha sido considerado como el acueducto rural mejor conservado de la parte septentrional de Cataluña. Esta obra de ingeniería se realizó entre los siglos II-III d.C en la ladera de poniente de la colina de la Guardia. Tenía una longitud de 3,5 km, la mayor parte del acueducto era subterráneo y conducía las aguas en la villa romana de Can Roig. Actualmente se conservan cuatro arcadas y media y una arcada más separada de las cuatro primeras.

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Acueducto romano de Can Cua

 

A partir del siglo XI y después de la ocupación árabe, Pineda pasa a depender del castillo fronterizo de Montpalau que administraba militarmente y fiscalmente el territorio de su jurisdicción, entre Caldes d’Estrac y Tordera. Durante el siglo XII, el castillo de Montpalau pasa a la jurisdicción feudal del vizcondado de Cabrera que depende al mismo tiempo, del condado de Girona.

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Castillo de Montpalau año 1970

 

A pesar de la existencia del castillo y de algunas masías aisladas, la formación del primer núcleo urbano de la actual Pineda de Mar no llegará hasta la consagración de la iglesia de Santa María, en 1079, y con la formación de la puebla de Sa Boada, primer núcleo urbano alrededor de la iglesia de Santa María de Pineda.

Es posiblemente este primer enclave situado en las partes altas del territorio que podría dar origen al nombre de nuestra población, Pineda, mencionado por primera vez en el año 947, con el topónimo Pineta, que en latín significa lugar elevado.

La iglesia de Santa María de Pineda fue consagrada en 1079 por el obispo de Girona Berenguer Guifré, siendo esta la primera referencia documental que conservamos. Gracias a este hecho y alrededor del templo, se empezó a formar el núcleo actual de Pineda. En 1246 pasó a depender del monasterio de San Salvador de Breda y tuvo como sufragánea la parroquia de San Pedro de Río, muy próxima a la población y que forma parte del municipio de Tordera desde 1929.

Durante la primera mitad del siglo XVI, la antigua iglesia románica fue sustituida por un nuevo templo fortificado debido al ataque del corsario Dragut en 1545, obra encargada a Jean de Tours el mismo año del saqueo, para ofrecer un espacio de protección a los habitantes de Pineda. En el dintel de la puerta principal de la iglesia todavía se puede encontrar un testimonio escrito sobre este hecho. Durante los siglos XV y XVI se edifican varias capillas interiores y la sacristía que fue encargada a Miguel de La Gaspi.

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Autor: J.B. Iglesia de Pineda de Mar año 1912

 

En el siglo XVIII se añadió un nuevo cuerpo en el templo y el campanario octogonal. De esa misma época es también la fachada barroca actual. El templo ha sufrido varios saqueos y quemaduras, sin embargo, el más reciente fue el incendio de 1936 que dejó la iglesia muy dañada junto con la pérdida total del retablo barroco de madera del altar mayor. La iglesia y los esgrafiados se tuvieron que restaurar en el 1948 según el diseño del arquitecto Isidre Puig i Boada. Del interior del templo, cabe destacar la cúpula de la capilla del Santísimo, decorada por Josep Perpinyà, tres rosetones con vidrieras obra de Domènec Fita y una imagen de la Piedad tallada por Frederic Marès.

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Autor: J. Poch. Reconstrucción de la iglesia de Pineda año 1948

A nivel general, la lucha contra los turcos, y de manera más amplia los musulmanes, fue una constante durante el siglo XVI, dado el objetivo central de la Monarquía católica de expandir la cristiandad y, al mismo tiempo, frenar el avance turco que ponía en peligro tanto las relaciones comerciales con los territorios italianos bajo su control como el conjunto de los reinos cristianos europeos.

En Pineda de Mar, hubo un ataque pirata en 1545 llevado a cabo por el famoso Dragut. Este nombre es una catalanización de la palabra turco Turgud, que murió en el sitio de Malta de 1565.

Los ataques de los piratas solían producir en primavera o en verano, cuando las aguas eran más calmadas. Estos recorrían las costas catalanas buscando barcos comerciales, que eran presa fácil y a menudo valiosa. Otras veces se dirigían al litoral, normalmente buscando puntos poco defendidos y, durante unas horas o unos días, se dedicaban a la investigación sistemática del botín, a la destrucción de las casas y al encarcelamiento de las personas que eran vendidas como esclavos o eran rescatadas por sus familiares mediante grandes sumas de dinero. Las incursiones eran breves para que no pudiera llegar la ayuda de alrededor.

Autora: N. Expósito. Busto de Turgut Reyes en el Museo Naval de Estambul

 

Describen que en la madrugada del sábado 1 de agosto de 1545, 11 galeotas de turcos y beréberes capitaneados personalmente por el famoso corsario Dragut, pusieron su proa en la playa de Pineda, donde desembarcaron. Las escasas defensas y fortalezas de la villa no sirvieron de nada, y en poco tiempo los corsarios se apoderaron totalmente de la población, quemando muchas casas, después de saquear, robar y asesinar a muchos de los habitantes de Pineda, sin hacer distinciones de sexo ni edad. Al encontrarse la iglesia cerrada, quemaron sus puertas y la saquearon. Se llevaron un sagrario de plata, los mantos de los altares, los vestidos y los ornamentos sacerdotales. Además destruyeron las imágenes de la Virgen y los Apóstoles del Santo Sepulcro. También asaltaron la casa del rector, ubicada en un cerro cercano y que actualmente se conoce como Rectoria Vella. También invadieron la casa fortificada llamada Torre de Manola y llegaron hasta la masía de Can Palau, situada a poco más de 2 km de la playa. Entre los muertos y los cautivos desaparecieron 70 vecinos de Pineda, entre ellos el notario de la población Jaume Joan Coll que fue liberado tras el pago del rescate y demás prisioneros fueron llevados a Argel, actual Argelia.

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Autora: N. Expósito. Inscripción en la portada de la iglesia de Pineda donde se relata el episodio del ataque pirata

Durante la Guerra Civil (1936-1939), Pineda estuvo dentro del bando republicano y como muchas otras poblaciones salió muy perjudicada. Muchos de los jóvenes del pueblo fueron al frente como voluntarios o llamados por la leva. Como fue habitual en este bando, industrias y tierras agrícolas se colectivizaron para hacer un uso popular, provocando esto disturbios evidentes entre los propietarios.

Grupo de voluntarios del POUM de Pineda y comarca al frente de Osca en el 1936

Durante el periodo de guerra, Pineda sufrió bombardeos desde el aire, perpetrados por avionetas elevadas desde las bases del bando nacional existentes en Mallorca, y también desde el mar, por parte del buque de guerra nacional Canarias. La escasez de alimentos por la situación bélica fue evidente, y en el ámbito social, la población venía marcada por los acontecimientos de la guerra y las noticias de la desaparición en la frente de los jóvenes de Pineda.

Finalmente, el 31 de enero de 1939 las tropas franquistas entraron y ocuparon Pineda en dirección hacia la frontera con Francia. Se iniciaba así una larga posguerra convertida en una dura dictadura de 40 años.

EVOLUCIÓN  URBANÍSTICA Y DEMOGRÁFICA

Los primeros asentamientos en Pineda se iniciaron en el siglo IV aC. Estos eran de tribus íberos situadas al Cerro de Montpalau. A partir del año 218 aC estos poblados fueron ocupados por los romanos, levantando también explotaciones agrícolas, como es el caso de la villa romana existente en Can Roig.

A mediados de S. XI y con la construcción del castillo de Montpalau empiezan a surgir pequeñas casas de campo dispersas que evolucionarían en grandes masías ya entrados los siglos XV y XVI.

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Autor: J. Danés Torras. Masía de Can Jalpí en el 1930

 

Así pues, a partir del siglo XV, gracias a la desaparición de las grandes epidemias del siglo anterior (la peste negra), de una época de relativa estabilidad política y de la reactivación del comercio, aparecen muchas masías con explotaciones agrícolas que actualmente todavía existen.

En cuanto al núcleo urbano actual de Pineda, no fue hasta el 1079 con la consagración de la iglesia parroquial de Pineda de Mar que se crea a su alrededor el núcleo de población, conocido como Sa Boada, pegado al camino real (posible antigua vía romana de comunicación), actuales calles Mayor, Ciudadanos y San Antonio.

Este primer núcleo, hasta el siglo XVII fue creciendo poco a poco radialmente, del centro de la población, plaza Cataluña – Iglesia parroquial, por las calles Mayor, Mar y San Antonio.

En relación a la evolución del número de casas y/o habitantes del término de Pineda, núcleo urbano y masías, sabemos que en el 1497 constaban 79 casas habitadas con un total aproximado de 350 habitantes, en el 1515 existían 78 casas habitadas con un total aproximado también de 350 habitantes y en 1553 había aumentado hasta 119 casas que hacían un total aproximado de habitantes de 530.

A partir de la segunda mitad del s. XVIII, Cataluña crece económico y demográficamente gracias a la mejora en las técnicas de cultivo del campo, la aparición de industrias manufactureras y por el libre comercio de Cataluña con América.

Es por estos motivos que se empiezan a formar nuevas calles como el barrio de pescadores, en la parte baja de la calle de Mar y la parte alta de la calle Tribala, junto con alguna calle aislada como Arnau de Vilanova, La Costa y parte alta del c. Iglesia, y se amplían las calles ya existentes, como es la parte alta de la calle de Mar, calle Mayor y calle San Antonio.

A inicios de este siglo vivían en Pineda alrededor de 500 personas, en cambio, llegados a finales de siglo y debido al crecimiento económico y estabilidad social, se llega a una población de 1.663 en el 1787.

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Archivo Municipal de Pineda de Mar. Plano de distribución del municipio en el 1851

 

Durante el siglo XIX, el pueblo se desarrolló muy poco urbanísticamente, dedicándose principalmente a mejorar y reformar antiguas construcciones ya existentes, en gran parte promovidas por familias con un cierto nivel económico, relacionadas con el comercio de ultramar y la industria textil local.

A finales del siglo XVIII e inicios del XIX, los desastres de la Guerra Grande y la Guerra del Francés, la población sufre una recesión llegando a 1.212 habitantes en el 1813. A partir de este momento y hasta finales de siglo XIX, la población va en aumento con un total de población en el 1897 de 1.805 habitantes.

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Archivo Municipal de Pineda de Mar. Plano de la fachada de Cal Coronel en el 1870

La primer ola migratoria del siglo XX se produjo por la mano de obra necesaria para la construcción de los edificios de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, y también por el crecimiento industrial textil de la zona. Estas personas provenían principalmente de la provincia de Almería y del resto de Cataluña.

Con este crecimiento se desarrollan las actuales calles Dr. Bertomeu, Roger de Llúria, A. Clavé, Progrés, Colom, Jaume Balmes y Garbí. Fue también el inicio del barrio de Poblenou con las actuales calles Poniente y Once de septiembre.

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Autor: J. Pujadas. Casas de la calle Ponent en el 1965

 

Este crecimiento urbanístico se diferenció de los anteriores ya que no se amplió las calles existentes, sino que se urbanizaron zonas que hasta el momento habían sido explotaciones agrícolas, entre el núcleo antiguo y el mar.

Estas primeras cuatro décadas del siglo XX significaron demográficamente un aumento considerable pasando de 1.809 habitantes en el 1900 a 3.004 habitantes en el 1940.

Los inicios del turismo a partir de la década del 1960, y la necesidad de mano de obra para la construcción de hoteles y de viviendas por los nuevos de Pineda y trabajadores de los hoteles, principalmente de Andalucía, hizo que el pueblo tuviera un nuevo crecimiento urbanístico.

Esta vez se fueron ocupando aquellos campos de cultivo que quedaban sin urbanizar entre la carretera N-II y la playa.

Imatge_aeria_1974-pinedaImagen aérea de Pineda de Mar en el 1974

 

En cuanto a la población, hasta el año 1960 era estable con los 3.000 habitantes aproximados que se alcanzaron en 1940. A partir de entonces, la población creció de forma exponencial. Así pues, en 1970 constaban ya 7.776 y en 1980, 11.739 habitantes.

A partir de entonces y hasta el año 2006 la población no dejó de aumentar llegando a cifras cercanas a los 26.000 habitantes, cifra que actualmente, en 2017, se sigue manteniendo.

OFICIOS

La agricultura es el sector que siempre había ocupado la mayor parte de la población de Pineda. Las tierras de cultivo se extendían desde las colinas de Montpalau y de la Guardia hasta la playa, pasando por la llanura. Estas páginas eran muy buenas y fértiles para el cultivo de olivo, trigo y vid de secano y de regadío de huerta donde se cultivaban diferentes hortalizas.

Alrededor del núcleo urbano, el suelo se dividía en muchas bancales reducidas que pertenecían a diferentes propietarios, en cambio, en las zonas fuera del núcleo urbano se encontraban los caseríos con sus extensas tierras de cultivo.

En 1910 se crea el Sindicato Agrícola en Pineda para poder organizar y dar respuesta al creciente comercio de exportación de verduras hacia Europa, donde las hortalizas con más salida eran las patatas conocidas como Mataro Potatoes y la lechuga trocadero.

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Autor: J. Cadena. Vendimia en el 1956

 

Todavía quedan campesinos pero no como lo había sido hasta los años 60, en que la llegada del turismo, al ser este trabajo más estable y ocupar los hoteles de nueva construcción zonas de terrenos que habían sido agrícolas, hizo entrar el sector en un descenso irrecuperable.

A pesar de ser Pineda un pueblo de mar, la actividad de la pesca no se consolidó hasta mediados del siglo XVIII cuando se consolidó el Raval de mar, el barrio de pescadores del pueblo. Hasta ese momento, las zonas más próximas al mar eran peligrosas debido a los ataques piratas y el oficio de pescadores sólo se ejercía durante los meses de buen tiempo. Era una actividad que ocupaba una pequeña parte de la población muchos pescadores combinaban su oficio con el cultivo de hortalizas para el autoconsumo.

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Pescadores en la Playa de Pineda en el 1955

La época de máxima actividad pesquera fue durante la década de 1940 con un total aproximado de 200 pescadores en una población total de 3.004 habitantes.

Con la llegada de los años 60, muchos pescadores dejaron la pesca o combinaron este trabajo con la industria y el turismo. Actualmente, los pescadores profesionales que existen en la población ya no tienen las barcas en nuestra playa sino que, por cuestiones de seguridad y rendimiento, las tienen los puertos cercanos de Arenys de Mar y Blanes.

Un factor de innovación y de revolución fue la llegada de la industria como nuevo motor económico de Pineda en descenso de la agricultura. Año tras año, y a partir de inicios del siglo XIX, se fueron sumando empresarios industriales, que en 1935 ya se podían contabilizar 21.

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Industria textil en el 1968

Durante los años de posguerra, a partir de 1939, la falta de materias primas y restricciones energéticas hicieron que se afloje el auge de la actividad. A partir de los años 70, el sector sufrió un nuevo auge que duró hasta inicios del siglo XXI. Una de las empresas con más importancia fue Industrial Aragonés, SA que inició su actividad en 1958, sin embargo, que cerró sus puertas en 2002, habiendo alcanzado la cifra de 600 trabajadores.

Los inicios de esta actividad podemos decir que coincide con la llegada del ferrocarril a la población en 1859. Esto permitió que familias acomodadas de Barcelona vinieran a Pineda a pasar las vacaciones estivales para descansar y tomar baños de mar, considerados saludables. Muchas de estas familias hicieron construir segundas residencias en el pueblo, edificios de gran belleza que todavía hoy tenemos algún ejemplo en la calle de Mar.

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Veraneantes en la playa de Pineda en 1925

La Guerra Civil Española (1936-1939), la inmediata posguerra y el contexto internacional de la Segunda Guerra Mundial suponen un punto y aparte de la expansión del modelo anterior de turismo. La segunda etapa de este sector se da a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Superadas las condiciones sociales y económicas más extremas del primer franquismo y el surgimiento de vacaciones pagadas europeas que facilitan la llegada de europeos en el litoral catalán, en Pineda de Mar, imitando el modelo de la vecina población de Calella, surgen los primeros hoteles. Hasta 1958 Pineda dispone sólo de un único establecimiento hotelero propiamente dicho, el Hotel Montpalau, que entra en funcionamiento en junio de 1946.

En unos primeros momentos dominan pequeños establecimientos que aprovechan edificios preexistentes. Pero luego se piensó en hacer establecimientos de nueva planta que puedieran albergar un buen número de visitantes significativo. El hito incuestionable es la construcción del Taurus Park Hotel, en el verano de 1963, con 343 habitaciones y más de 600 plazas, convirtiéndose en el mayor a nivel estatal.

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Autor: J. Pujadas. Hotel Taurus Park en 1965

La alpargata era un buen calzado para las zonas rurales y mucho más económico que los zapatos. Así pues, la industria de las alpargatas, hasta la década de 1920, ocupaba la tercera posición en número de trabajadores detrás campesinado y de la pesca. A partir de entonces, esta actividad se fue perdiendo por el cambio de uso hacia otros tipos de calzados.

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Autor: J. B. T. Taller de alpargatas en el 1912

Una de las actividades femeninas por excelencia eran las puntas de almohada que representaban una ayuda a los ingresos económicos de la familia. En el siglo XVIII la producción de puntas experimentó un crecimiento significativo gracias a la exportación que se hizo hacia América y en Europa. Actualmente quedan como recuerdo de una actividad artesana y tradicional.

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Encajeras en la calle Justicia de Pineda en el 1913

PERSONAJES

Joan Corominas (Barcelona, 1905-Pineda de Mar, 1997) fue uno de los filólogos catalanes más prestigiosos que se recuerdan.

Era hijo del político Pere Coromines y de la pedagoga Celestina Vigneaux. Desde muy joven mostraba interés por la lingüística. Así pues, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, complementando estudios en varias universidades europeas.

Se exilió tras la Guerra Civil y fue profesor, durante un breve período, de la Universidad de Cuyo, situada al pie de los Andes argentinos. Posteriormente fue profesor de la selecta The University of Chicago, donde permaneció durante más de veinte años, hasta su jubilación, acaecida en 1967. Fue entonces cuando volvió definitivamente en Cataluña y se instaló en Pineda de Mar.

Las obras que convirtió a Joan Coromines en el filólogo de referencia fueron, por una parte, los diez volúmenes del Diccionario etimológico y complementario de la lengua catalana (1980-2001), que daba respuesta, de manera global, a la filiación etimológica de nuestra lengua, y por otro lado, los ocho volúmenes del Onomasticon Cataloniae (1989-1997), donde en este caso daba respuesta al origen de los nombres de lugar de todos los Países Catalanes.

Autor: Ramon Batlles. Joan Coromines en 1958

Manuel Serra y Moret (Vic, 1884 – Perpiñán, 1963) fue una de las figuras intelectuales y políticas más importantes en Cataluña en el siglo XX.

Ideólogo del socialismo con profundas raíces catalanistas, cofundó el primer partido socialista catalán en 1923.

Terminada la Guerra Civil Española en 1939, tuvo que emprender el camino del exilio, pero en aquel «desierto», como él mismo lo definió, se convirtió en una de las figuras más relevantes de la oposición a la dictadura franquista. Consejero de la Generalitat en el exilio, ministro del gobierno republicano y presidente del Movimiento Socialista de Cataluña, desarrolló una intensa actividad.

Gracias al matrimonio con la folklorista pinedenca Sara Llorens en 1908, entró en contacto con la población y se convirtió en el elegido alcalde en dos etapas, de 1914 a 1923 y de 1930 a 1934.

Durante estas etapas impulsó la renovación administrativa del Ayuntamiento y la mejora de servicios municipales como fueron la construcción del nuevo edificio del Ayuntamiento en 1917, y la construcción de la Biblioteca Popular y el Cementerio Municipal 1922.

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Autor: Amadeo. Manuel Serra i Moret en 1915

Sara Llorens Carreras (Lobos, Argentina, 1881 – Perpiñán, 1954). Fue una folklorista de gran relevancia a nivel catalán, hija de una familia pinedenca emigrantes en Argentina, y casada con el político Manuel Serra y Moret. Ya establecida en Pineda, estudió magisterio y amplió estudios en la Escuela de institutrices y Otras Carreras para la Mujer de Barcelona. Impulsó a nivel local actividades culturales como fue la creación de la Biblioteca Popular inaugurada en 1922.

Debido a la Guerra Civil Española en 1939, se exilió primero en Argentina y finalmente en Perpiñán donde murió en 1954. Su obra más importante es El cancionero de Pineda (1931), donde se recogen aquellas canciones tradicionales cantadas en diferentes situaciones de la vida cotidiana y laboral.

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Autor: J. B. Sara Llorens Carreras en 1915

Vicenç Riera Llorca (Barcelona, 1903 – Pineda de Mar, 1991). Escritor y periodista. Debido a la Guerra Civil Española en 1939, se exilió en Francia, la República Dominicana y México. En 1969 se estableció en Pineda de Mar donde creó la mayor parte de su obra novelística. Entre sus obras más relevantes encontramos Los tres salen por el Ozama (1946) y Haz memoria, Bel (1971).

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Autor: J. Pujadas. Vicenç Riera Llorca en 1971

Joaquim Soms Janer (Pineda de Mar, 1914 – 2012) músico y compositor de sardanas. Su composición más conocida fue la sardana Catalanes a la Alcarria, compuesta durante la Guerra Civil Española, donde se convirtió en un himno para los soldados republicanos de la División de Guadalajara. Entre los años 1945 y 1966 recorrió teatros y salas de toda España con el conjunto musical que él había fundado con discípulos suyos de nombre Soms y sus muchachos.

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Joaquim Soms en 1946

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LAS ERMITAS

Las capillas erigidas en honor de San Antonio, la Virgen de Gracia, Santiago y San Rafael, más que unos sencillos lugares de culto, son un referente muy querido por los de Pineda. Lo demuestra el hecho de que los aldeanos han ayudado a la restauración de estos lugares ya la reposición de las campanas que culminan los tejados de estas pequeñas construcciones, manteniéndolas en un nivel de conservación adecuado a pesar del tiempo pasado desde que se construyeron y las gamberradas a las que han sido sometidas en el transcurso de los años.

Una de las iniciativas que ha contribuido especialmente a la divulgación de estos sitios tan nuestros entre los veraneantes y recién llegados a Pineda de Mar, ha sido la ruta llamada «Noche de las 4 ermitas», que desde hace diez años se organiza durante verano y que cuenta con una participación considerable de conciudadanos.

Este año, para conmemorar el primer decenio de la iniciativa, se publica este opúsculo que reúne unos breves apuntes referentes a la vida y en las leyendas que rodean estas capillas tan nuestros acompañados de varias ilustraciones.

Desde el ayuntamiento de Pineda de Mar, aplaudimos esta magnífica iniciativa del Centro de Estudios de Arqueología del Alt Maresme con el deseo de que la actividad que organiza pueda celebrarse muchos años con la alegría y armonía que la caracteriza .

La iglesia parroquial de Santa María es un monumento emblemático de Pineda de Mar. Su campanario imponente sobresale en el paisaje urbano y es bien llamativa desde muchos lugares. Y con la luminaria de las fiestas de Navidad destaca aún más.

Pero la iglesia parroquial no hace sombra a otros lugares de culto más pequeños pero muy significativos, esparcidos por diferentes puntos de la ciudad. Dentro de los límites del municipio de Pineda de Mar encontramos tres ermitas: una dedicada a un arcángel: San Rafael; y dos en honor de dos santos bien populares: San Antonio y Santiago. Y en el municipio de Santa Susanna hay una ermita dedicada a María que pertenece al ayuntamiento de Pineda y que es muy querida por los de Pineda y pinedencas: la Virgen de Gracia.

Todas estas ermitas hunden sus raíces en un pasado más o menos lejano y son la expresión de la fe de mucha gente que contribuyó a construirlas y mantenerlas. pero nos son bien cercanas. Conservan su interés artístico y, sobre todo, siguen siendo centros de culto. Por lo tanto, son, también hoy, expresión de la fe cristiana de muchas personas, en continuidad con las creencias y la práctica religiosa de tanta gente durante tantos siglos.

Que por muchos años ermitas y fe puedan seguir yendo de la mano.

Poco que nos lo podíamos pensar, hace diez años, que nuestro proyecto tomaría esta volada. Los orígenes son bien humildes. Nos unió el amor por la naturaleza y por nuestro patrimonio y coincidimos que la mejor manera de conservarlo era que la gente lo conociera y lo hiciera suyo. Procuramos unir los conocimientos históricos con la pasión por disfrutar de nuestro medio ambiente. Tenemos todo lo que había cerca, un castillo, masías medievales, restos ibéricos, un acueducto romano y varias ermitas esparcidas por nuestro municipio.

Desde los inicios, nuestro grupo comenzó con mucha ilusión, incluso cada año componíamos un pequeño para anunciarlo. Éramos pocos y bien avenidos, con recursos escasos pero con muchas ganas de salir adelante. Enseguida se nos agregó un pequeño grupo de aventureros incondicionales que siempre nos pedía más. De ahí las diversas actividades que hemos ido haciendo a lo largo de estos años como «Un paseo por la Rera» y «Un pasado presente».

Varias entidades y escuelas han pedido nuestra colaboración para elaborar un dossier pedagógico para que puedan disfrutar sus asociados y los alumnos de los centros de enseñanza. Algo debemos hacer bien, quizás son las pequeñas explicaciones, el chocolate caliente bajo las estrellas o la buena compañía lo que nos ha llevado a crecer hasta tener trescientas personas estos últimos años. Este año hemos señalizado el camino y publicado este opúsculo para que quien quiera pueda hacer esta ruta cualquier día.

Esperamos que sigáis disfrutando de la «Noche de las 4 ermitas» con las mismas ganas que nosotros hemos puesto todos estos años. Sin vosotros, amigos, este proyecto no habría llegado a ser una realidad viva. Gracias por hacerlo posible.

Encontramos ermitas diseminadas por todos los términos, en mejor o peor estado, en lugares alejados, salvajes, otros dentro del pueblo. Las ermitas son un lugar sagrado para sentirse cerca de Dios. Los pueblos primitivos ponían una divinidad allí donde veían un misterio y se manifestaba no en un Dios único, sino en todos los fenómenos naturales que el hombre no podía dominar. Las divinidades estaban relacionadas con las montañas, los bosques, el agua, la tierra, los restos arqueológicos…

Las ermitas han sido erigidas por personas de clase sencilla. Su finalidad era agradecer la existencia del mundo, de la vida hasta la muerte. Empezaron como centros de salud, de energía espiritual, pero en las calamidades vemos retratadas los miedos de la gente del pueblo: el rayo, el trance marino, el lobo, la rabia… Entre ellas podemos encontrar las dedicatorias a la protección de las inclemencias naturales, la salud corporal y también las crisis sociales como las sequías, tormentas, partes enfermedades, hambre, guerras, pestes, etc. Los grupos devotos eran básicamente marineros, agricultores y pescadores. También eran un espacio neutral útil para solucionar los problemas entre pueblos, muy frecuentes en la edad media.

Los siglos XI y XVI fueron los más propicios en la fundación de ermitas. El primero, por la gran religiosidad que había. El segundo, por el empuje tanto económica como social. A lo largo del s. XIX predominó el racionalismo, la sociedad confiaba más en la ciencia que en los santos para la solución de los problemas. Durante la Guerra Civil hubo muchas ermitas dañadas, que luego los fieles fueron restaurándolas poco a poco. A través del tiempo el pueblo mantiene viva la devoción al santo que proceda y sigue honrando los mismos, aunque no es sea una vez al año. En general se mezcla el aspecto lúdico con el aspecto religioso.

Hoy por hoy las catástrofes naturales y las enfermedades ya no son vistas como castigo divino. Ahora todo tiene una explicación que nos dan los sabios, los libros y la ciencia. Quizás el día que no nos ofrezcan una solución oportuna giraremos de nuevo los ojos al cielo y a las ermitas.

Pineda de Mar se encuentra situada en un entorno envidiable, entre la costa del mar Mediterráneo y las estribaciones de la sierra del Montnegre. De claro clima mediterráneo, las brisas marinas que se reflejan en las montañas templan los calurosos veranos y calientan los inviernos ligeros consiguiendo un clima suave durante todo el año. Los fuertes estiajes esculpen el paisaje con multitud de arroyos que atragantan nuestro territorio; más o menos secos durante buena parte del año y llenos a rebosar tras una tormenta veraniega. La principal es el arroyo de Pineda, que excava inexorablemente nuestras montañas graníticas hasta convertirlas en el arena que llena nuestras grandes playas.

La actividad humana ha moldeado el paisaje a lo largo de los siglos. De un bosque tupido en pendientes pronunciadas en viñedos y olivos alineados en terrazas. De la llanura aluvial en campos de cultivo y edificaciones. Esta alteración ha permitido crear un mosaico más diverso y así atraer infinidad de especies animales y vegetales que han encontrado en este entorno ideal para poder progresar.

El pino piñonero (Pinus pinea), árbol predominante en nuestro entorno, que en la madurez adapta la característica forma de parasol, provocando la falta de luz e impidiendo el crecimiento del sotobosque, es el rey de nuestros bosques. Va acompañado de la reina encina (Quercus ilex) que no lo desmerece nada. De copa frondosa y hojas puntiagudas sustituye el pino en los nuevos terrenos que coloniza, sin olvidar su amplio corte de árboles de ribera, que como una serpiente verde brillante, zigzaueja marcando el recorrido de nuestras arroyos, como el aliso (alnus glutinosa), el álamo (Populus alba), el avellano (Corylus avellana), el chopo (Populus nigra), el álamo temblón (Populus tremula), o el recuperado sauzgatillo (Vitex agnus-castus).

Bajo estos majestuosos árboles vive toda una variedad de sotobosque que el hombre siempre ha aprovechado por sus propiedades medicinales como el tomillo (Thymus vulgaris) y el romero (Rosmarinus officianalis), aromáticas como la cabeza de asno (Lavandula stoechas) y el azahar (Melissa officinalis), vistosas y fragantes como la retama (Spartium junceum) y la estepa (Citu albidus).

Exquisiteces culinarias como los níscalos (Lactarius sanguifluus), los oronjas (Amanita caesarea) y las madroños (Arbutus unedo).

Y entre esta infinidad de plantas viven los súbditos. Nobles como el corzo (Capreolus sp), guerreros como el jabalí (Sus scrofa), avispados como el zorro (Vulpes Vule), escurridizos como la garduña (Martes foina), juglares como las ardillas (Sciurus vulgaris) y simpáticos nocturnos como el erizo (Erinaceus europaeus).

Mención aparte merece la orquesta de trovadores que cautivan nuestros oídos con sus tonadas, habitantes fijos como el petirrojo (Erithacus rubecula), el carbonero (Parus caeruleus), sin olvidar la multitud de transeúntes que aprovechan esta maravilla para recuperarse del largo viaje migratorio como la golondrina (Hirundo rustica) y el siempre vistoso abejaruco (Merops apiaster).

La ermita dedicada a San Antonio, patrón de los albañiles, está situada en el núcleo urbano, en la finca núm. 57 de la calle del mismo nombre. No tenemos referencia de la fecha de su origen, aunque algunos autores la sitúan en el siglo XVII, momento de crecimiento urbano y desarrollo económico de la ciudad.

Durante el siglo XIX los viajeros de paso por Pineda turbaban cobijo a la ermita, cuando la población cerraba las puertas. También hacían estancias los pasajeros enfermos que los mismos de Pineda velaban por su curación.

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Durante la Guerra Civil la ermita fue dañada, pero actualmente está muy bien conservada. La finca pertenece a la familia Comas, antiguos propietarios de la masía Can Comas, edificio municipal de Cultura de la plaza de Cataluña núm. 3.

De planta rectangular, con una superficie de 40 m2, dispone de una pila de piedra para el agua bendita. El 13 de junio, día de San Antonio, se celebra misa.

Sara Llorens de Serra recoge en el cancionero de Pineda (1931) unos pareados descriptivos de la ubicación de la ermita (p.281):

 

«Adéu, vila de Pineda,

adéu, gran vila, adéu!

a l’un cap hi ha Sant Antoni

i an a l’altre Sant Andreu»

 

“Adiós, villa de Pineda,

adiós, gran ciudad, adiós!

a un extremo hay San Antonio

y año al otro San Andreu»

 

Más adelante, transcribe también los «Gozos del milagroso San Antonio de Padua” que se cantan en la iglesia parroquial de Santa María de la Villa de Pineda» (p.307 y 308).

Recientemente el propietario hizo colocar en el ojo de buey de la entrada un vitral obra del artista Joan Vila Grau, colaborador de templo de la Sagrada Familia, y se restauró la imagen del santo en la Escuela de Olot.

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La ermita está en la cima de una pequeña colina, que hace linde entre las termas de Pineda de Mar y Santa Susanna. Esta colina, situada al norte de la población, es visible desde la carretera Nacional-II. Desde la ermita se disfruta de una magnífica panorámica, lo que la convierte en un mirador por excelencia de la villa de Pineda y de las vertientes que se extienden desde Calella hasta Blanes. La capilla fue construida en 1715, parece que por iniciativa de un grupo de marineros que la pusieron bajo la advocación de la Virgen de Gracia.

 

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Durante la Guerra Civil (1936), la ermita fue incendiada. En 1940 se inició la restauración y las paredes fueron decoradas con un fresco de grandes proporciones, obra del artista pinedenc José Fabré. La tarea se cerró en 1946, con la bendición de la nueva imagen de la Virgen. A partir de esta fecha se celebró un encuentro en la ermita, cada lunes de Pascua, que se mantuvo hasta el fin de la década de los años sesenta. Por otro lado, durante el mes de marzo se acostumbraba a hacer una romería, en el que los asistentes, de regreso, solían bajar con matas de tomillo. En el año 1958 el Ayuntamiento de Pineda adquirió la capilla, situada en el término de Santa Susanna, que era propiedad de la familia Caralt, de Malgrat. En 1973 fue saqueada e incendiada por una caterva de gamberros. El año siguiente, el agrupamiento Escolta y Guia Montpalau de Pineda, la limpió y condicionó el interior.

En agosto de 1981, a iniciativa de Mn. Ignasi Forcano, rector de Pineda, el artista gerundense, Josep Perpinyà y Citoler, profesor de la Escuela San Jorge, con ayuda de un grupo de alumnos, empezó a renovar el interior de la capilla con un recubrimiento de mosaicos alegóricos del mar y las montañas, que cubre todas las paredes y la cabecera de la ermita. Para la realización de este espectacular mural, Perpinyà se sirvió de trozos de piezas de alicatado, recuperadas del material de desecho de la construcción. Una escultura en bronce de la Virgen, obra del mismo artista, preside el recinto. El 14 de abril de 1985 la Sra. Joaquina Castaño apadrinó una campana que coronó la obra.

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Ermita situada en el paraje de Can Martorell (a 81 m. de altura), al pie del castillo de Montpalau (primera mención 1089), en plena naturaleza y rodeada de casas de interés: Can Cànoves, mas Castellar de portezuela (1094) y can Martorell.

De planta rectangular y pequeña es de construcción reciente. Sobre la puerta de la entrada consta, esculpida sobre una piedra, la fecha de 1908.

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La ermita ha sido restaurada en varias ocasiones por los vecinos de Pineda de Mar. La ubicación del vertedero municipal de basuras en este paraje (1978) contribuyó a su estado de abandono. El posterior cierre del vertedero y sellado de la zona (1994-1995), permitió la recuperación del lugar.

El Grupo Pa, Vi i Moltó, de Calella, hizo ofrenda de la imagen del Arcángel; y el rector de Pineda de Mar, Mn. Josep Gispert, bendijo la escultura hecha en Olot por el artista Jaume Pla. Para completar la ornamentación, en octubre de 1995 ofrecieron una lámpara. Posteriormente en 1996 entregaron dos lámparas más de bronce en la ermita. El mismo grupo hizo la ofrenda de la campana, que pesaba 40 kilos, fundición de la casa Barberí, que fue apadrinada por la Sra. Rosa Maria Lleonart y bendita por Mn. Gispert, el 28 de agosto de 1997.

Finalmente ofrecieron el panel lateral de piedra de relieve histórico, con la mayólica bíblica de San Rafael y San Tobías, en el pasaje milagroso del pescado. El 18 de octubre de 1998 del artista pinedenc, Josep Planas, efectuó la restauración de la orla.

En el año 2012 un grupo de gamberros dañaron de nuevo el interior de la ermita y robaron la campana. Actualmente el ayuntamiento de Pineda de Mar, con el apoyo del Cau y del Centro de Estudios de Arqueología del alt Maresme, promueve la rehabilitación.

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A poniente del núcleo urbano, junto a la torre y la fuente de Santiago, hay una ermita dedicada a este santo. De propiedad particular, se ubica en el pie de la finca del Mas Castellar de portezuela (torre de Santiago), y en un paraje de gran belleza natural donde encontramos la fuente de Santiago, el molino de Castellar, el olivo del Cerro y Can Cazuela (1109).

Se trata de un recinto pequeño de forma rectangular, con puerta de dintel de piedra y un tragaluz encima. En la cima, una espadaña con la correspondiente campana y la cruz. Fue construida en 1885 por los señores Castellar, propietarios de los terrenos.

Desde 1926 se organiza la reunión de Santiago. Inicialmente (1926-1928) la hacía la Juventud Sardanística de Calella y, desde el año 1929, la Juventud Sardanística de Pineda, que celebró ocho ediciones, la última de las cuales tuvo lugar el 24 de mayo de 1936.

 

Al inicio de la Guerra Civil, la ermita fue saqueada y quemada.

En 1942 el propietario de la ermita, Mateu Vila Fornaguera, inició la rehabilitación que culminó el 2 de mayo de 1954 con la instalación de una campana. Para celebrar la ocasión se hizo una misa y se tocó una audición de sardanas.

En 1957 se reinició la celebración de la romería, con ocho ediciones continuadas hasta 1964. Quince años más tarde, en 1979, nuevamente el impulso, la ilusión y el esfuerzo de un colectivo de personas, en esta ocasión básicamente del Barrio de las cruces, permitió reanudar el encuentro que en 2003 conmemoró la vigésimo quinta edición con una celebración especial en la que participaron tres parejas. Afortunadamente, a pesar de las dificultades económicas que tenemos hoy en día, la reunión de Santiago continúa año tras año fiel a su cita.

A las cuatro ermitas descritas, Debemos añadir dentro del Término municipal de Pineda de Mar la de San Andrés, situada en la confluencia de las termitas de Pineda de Mar, Sant Cebrià de Vallalta y Hortsavinyà (actualmente Término de Tordera), Todo y que no se a incluido en la ruta.

La capilla es de planta rectangular, de 1 nave con posible ábside, posterior a la construcción inicial. Es mencionada en el acta de consagración de la Iglesia de Pineda (1076), donde se indica Los Límites jurisdiccionales de la parroquia. este hecho, Mujer indicios del carácter románico de la capilla. Se afirma que fue restaurada entre en los siglos XVII y XVIII. Hoy en día solo queden en pie los paredes laterales, sin techo. La construcción añadida en un lateral era la vivienda de una eremita.

Sara Llorens la menciona en El cancionero de Pineda (1931) y reproduce los «Gozos que es canten en la capilla del glorioso apóstol y mártir San Andrés ubicada en el vecindario del Arbosseda de la Parroquia de Santa María de Pineda», editados el ‘1852 (p.312).

CRUZES DE TÉRMINO

Localización: Desde el siglo XIX tenemos constancia de que la cruz de término está ubicada en el patio de una finca particular. La finca está en la calle Mayor, número 62, popularmente conocida como Can Quintana, los últimos propietarios del inmueble.

Datación:
Siglo XIV/XV – de estilo gótico

Material:
Piedra

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Medidas:

Basamento: 0,25 metros de altura; 0,44 metres de ancho
Fuste: 2,45 metros de altura; 0,20 metros de ancho (diámetro)
Cruz (brazos): 0,85 metros de altura; 0,68 metros de ancho

Estado de conservación:
Bueno; pero el fuste que sostiene la cruz presenta una patología de grietas profundas y marcadas.

Descripción de la cruz:
Un basamento de piedra formado por un único escalón de 0,25 metros de forma ochavada sustenta el fuste, un pilar de piedra también de sección ochavada. Una armadura metálica sujeta el fuste por culpa de las grietas. El brazo de la cruz que mira al mediodía hay un Cristo yacente con los brazos extendidos; San Juan, a la derecha, y la Dolorosa, a la izquierda, apoyan al Crucificado. La otra brazo, orientado al norte, está la Virgen con el Niño en brazos y al final de los brazos de la cruz, haciendo lado, dos angelitos. La base de la cruz, entre el fuste y la cruz propiamente dicha formada por 8 capillas de 0,34 m de altura y 0,40 m de anchura (diámetro) con imágenes de santos (San Pedro, San Sebastián, Santa Eulalia).

Fecha de las fotografías y procedencia:
9 de abril de 2003. Archivo de Imágenes de Pineda de Mar. Fondo: Ayuntamiento de Pineda de Mar.

Autor de la ficha:
Francesc Roldán Sánchez / Archivo Municipal de Pineda de Mar

Localización:
En medio de la calle de Mossèn Antoni Doltra y al pie de la Nacional-II, entre la iglesia parroquial de Santa María y el lado oeste de la calle.

Datación:
Basamento y una parte del fuste original son del siglo XV-XVI, el resto del fuste y la cruz son de 1948/49, según un diseño del arquitecto Isidre Puig i Boada. La cruz fue bendecida el 29 de agosto de 1949.

Material:
Hierro forjado y piedra de granito.

Creu-Terme-moderna-pinedaMedidas:

Basamento: 
Tramo de escalas: 0,70 m.
Basamento original: 0,73 m.
Fuste: 2,56 m.
Cruz: altura 0,93 m, brazo: 0,53 m. Espesor del tubo de hierro: 2,5 cm.

Estado de conservación:
Bueno.

Descripción de la cruz:
Un basamento de piedra encima de tres escalones de forma estrellada, de 8 aristas, sustenta el fuste de piedra de sección ochavada formado por tres cuerpos de diferentes tamaños: un primer cuerpo de 1 metro; un segundo cuerpo de 0,74 m., y un tercera último de 0,82 m, con un diámetro de 30 cm. Las diferentes partes del fuste unidas por un anillado de hierro forjado de 40 mm. de altura por 7 mm. de anchura. Una cruz sencilla de hierro forjado sin accesorios lo corona.

Fecha de las fotografías y procedencia: 11 de abril de 2003. Archivo de imágenes de Pineda de Mar.

Fondo:
Ayuntamiento de Pineda de Mar

Autor ficha:
Francesc Roldán i Sánchez / Archivo Municipal de Pineda de Mar

Nota: Esta cruz moderna sustituye una antigua cruz de término que fue dañada durante la guerra de 1936-1939. Se adjunta imagen. El estilo de esta cruz era gótico flamígero. Estaba situada en una esquina de la iglesia parroquial, aproximadamente ante la actual c. Iglesia, n. 106, los elementos de esta cruz (el basamento y parte del fuste) se usaron para construir la nueva cruz de término de 1949.

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